Estoy convencida de que criticar lo que no está bien, no va a solucionar ningún problema; que de hecho tengo una obligación de dejar este mundo mejor de cómo lo encontré y que, o soy parte del problema, o soy parte de la solución. Fue así que empecé este proceso que lleva por bandera amar y como norte el cambio.

Soy consciente de los niveles de pobreza, no solo económica sino mental en los que viven las personas en barrios marginados y de escasos recursos; familias enteras que no logran siquiera completar un plato de comida al día. No podía ser ajena a este tipo de escenarios que son muy cercanos a la realidad del país en el que vivo.

Tampoco podía en un día cambiar el mundo, pero podía cambiar la vida de una familia, al menos una familia que con la barriga llena tendrían un corazón contento. Y con un corazón contento, estaba segura se podrían lograr muchas cosas.

Fue así como un día, después de trabajo constante y una gran causalidad, Poesí empezó a crecer. Pude haber seguido produciendo la joyería yo sola, pero si enseñaba un oficio y delegaba la producción, podía con ese oficio ofrecer trabajo y con el trabajo una vida digna.

“Enseñar a pescar, no dar el pescado” fue inicialmente mi plan  secreto.  Busqué un barrio muy pobre de Barranquilla (Las Malvinas) y allí a tres mamás que quisieran aprender el oficio de hacer joyería. Me encargué de capacitarlas para elaborar las piezas con pinzas y mucho amor. Un año después sus manos empezaron y son las que hoy hacen cada obra de arte y reciben pago por las mismas, además de un mercado al mes.

Mi plan no paró ahí, todos los sábados voy a donde estas mamás que un día se montaron conmigo en esta idea de sociedad donde haya más equilibrio de condiciones. Son locas soñadoras como yo, que creen que el trabajo en equipo puede sacarlas adelante. Los niños (sus hijos, que ahora también son míos y grandes protagonistas de esta historia), pasan felices las mañanas de los sábados aprendiendo valores, pintando y jugando. Pues reciben las herramientas que les enseñan que sí se puede, cuando se tienen ganas. Que podemos cambiar el mundo, pero sobre todo que podemos cambiarlo juntos.

Te invito a que me acompañes en esta aventura.

Con Amor,

Vivi Henríquez